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Para vos:

¿Qué tengo que hacer para que entiendas que no me gusta compartir? Que si vas a ser mío no lo serás de otra como ella tampoco quiere que lo seas de mi ¿Tan difícil es sentirse satisfecho con una sola persona o es que sientes la necesidad de probarte a ti mismo conquistando muchas más?

Tú más que nadie debería saber que nunca queremos ser segundonas, queremos que nos den nuestro lugar y que aquel que tanto dice que nos quiere sólo tenga ojos para nosotras. Así las cosas ¿por qué me dices que me quieres cuando estás con ella? No sé cuál es la realidad de su relación pero lo que sí tengo muy claro es que si tú no la respetas yo sí y mientras estés con ella yo no tengo cabida en tu vida, al menos no como tu pareja.

Te quiero mucho y lo sabes pero la verdad es que no sería capaz de vivir junto a ti sin tener la plena certeza que conmigo te es suficiente y que esas palabras de amor que pronunciarían tus labios son verdaderas. Por eso, entierra esa idea de querer estar conmigo y dedícate a trabajar en lo que ya tienes con alguien que si el destino nos encuentra y somos diferentes llegará nuestro tiempo juntos.

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Hasta luego, F

Si bien no queda mucho por decir quiero que sepas que, sinceramente, no esperaba que te fueras. No planeaba una despedida (no me gustan) y no pensé que sintieras la necesidad de irte. Creí que todo iba bien, que cultivábamos una bonita amistad y estabas a gusto… al parecer nunca fue así.

Ahora no sé cómo estás o si extrañas nuestras largas charlas sobre la música que tanto nos gusta. De lo que sí tengo la certeza es que estás enamorado, tranquilo y feliz.

Alguien alguna vez dijo que “el que se va sin ser echado, regresa sin ser llamado”, si ese llega a ser tu caso ten en cuenta que no te espero pero que de mi vida y corazón las puertas están siempre abiertas.

Cuídate.

Sr. S

¿Me odias? Dados los últimos acontecimientos no puedo pensar lo contrario. Sí, debo aceptar que no he actuado muy bien pero… ¿es para tanto? o ¿acaso hay más razones para que sientas eso por mi?

La verdad es que yo por ti siempre he sentido admiración, en mi vida pocas veces he visto personas tan apasionadas y comprometidas como tú. Gente que mezcla el amor por lo que hace con un talento indudable y que obtiene como resultado grandes obras. Ya lo sabes ¿cierto? Es por eso que te tienes en tan buen concepto, que tu autoestima siempre es alta ¿es así? Cuando pienso en eso no puedo evitar preguntarme si es cierto o es una estrategia para que no descubran tus inseguridades. Porque las tienes, las veo, son iguales a las mías.

Quizás nunca lo supiste o pensaste pero cuando empecé a conocerte me interesé mucho en ti. No eras sólo un “niño lindo” sino que además eras amable, inteligente, “bueno”; de esos que ya casi no se encuentran. Razón tenía mi entonces mejor amigo, eras un ‘buen partido’. Por eso – y tal vez esto sí lo notaste – quise conocerte mejor. Quise saber más sobre tus gustos, sobre lo que pensabas, sobre lo que sentías… Sí, cuanto más conocía más me interesabas.

¿Sabes por qué todo se vino abajo? ¿Por qué empezamos a chocar? Te pareces mucho a mi. Te molesta tanto que se metan contigo o con lo que quieres que no te mides en tus reacciones. No te es fácil reconocer que has lastimado a alguien con lo que dices o haces. Incluso puedes llegar a justificarlo. También vas en busca de lo mejor y cuando lo encuentras sólo quieres eso, no te conformas con más. Por eso no te das cuenta de lo mucho que te estás perdiendo y de lo que has subestimado. Y la verdad es que no alcanzas a dimensionar lo valioso que eres, aunque lo digas no lo sientes. Sin duda nos parecemos mucho, en ti veo todo lo malo que tengo (por favor, no lo tomes mal, nadie es perfecto).

Desde que descubrí todo esto empecé a tratar de cambiarlo. No lo niego, no es fácil pero al menos ya sé cómo soy y qué debo hacer para mejorar (¿lo has notado? He intentado mejorar nuestra relación. Aunque no lo reconozcas, para mi es importante contar con un amigo como tú). Creo que es hora de que también lo hagas. Fíjate bien en quién camina a tu lado, así sabrás que lo mejor no es lo que ven tus ojos sino lo que siente tu corazón. Mide tus palabras, tus actos, tus pensamientos, aunque no te lo digan éstos calan muy hondo y más si vienen de una persona como tu, alguien que suele ser admirado. Escucha y respeta lo que piensan los demás, créeme así serás mucho mejor y llegarás aún más lejos. Y reconoce lo bueno que eres y que por eso te haces merecedor de lo mejor, siempre.

¿De veras me odias? ¿Me quieres lejos de ti?

Por todo lo que hice y pudo lastimarte te pido perdón, mi intención nunca fue esa. A pesar de que lo que aquí leíste no fue de total agrado, ten en cuenta que en últimas lo que quiero es que reconozcas tu potencial y lo aproveches y que aquello en lo que obras mal lo mejores. Y aunque nos parecemos siempre recuerda que “Yo nací en la cara mala, llevo la marca del lado oscuro.”

À mon amour, A.

Recuerdo la primera vez que te vi. Como es costumbre estaba revoloteando por ahí hasta que apareciste con tu compañero y me dejaste petrificada; me sentí muy avergonzada. “Ahora sí que la embarré” pensé,  pero ahora que reflexiono quizás nunca me viste comportándome como una niña o tal vez lo ignoraste… o lo que sería mucho mejor, te pareció dulce y tierno… en fin, nunca lo sabré.

Poco tiempo después volvimos a cruzarnos y esta vez sin duda me estabas notando ¿Recuerdas cuando mi jefe nos presentó? Yo nunca lo olvidaré. Todo el grupo estaba concentrado ultimando detalles para que nuestra labor resultara perfecta y tú decidiste pasar a supervisar. Sabes algo, nunca se sintió así o bueno, yo no lo sentí así. Me emocionó el pensar que llegabas hasta esa sala porque querías conocerme ¿lo querías?

Fue bajo el umbral que estrechamos nuestras manos, intercambiamos unas pocas palabras, sonrisas y miradas ¿Notaste que me sonrojé? Me pusiste muy nerviosa. Desde la primera vez que te vi quise conocerte y finalmente estaba viviéndolo ¿También te sonrojaste o el calor que sentías se reflejaba en tu piel? Noté que tus mejillas se tornaron rosadas y un ejército de mariposas revoloteó en mi vientre pues intuí que ambos compartíamos el mismo sentimiento pero ¿así lo era o te solidarizaste con mis emociones y las emulaste? Eso tampoco lo sabré.

Sabes, desde ese día cada momento en el que compartimos bajo un mismo techo imaginé una conexión entre nosotros. Como aquella vez que recurriste a mí para que te ayudara con los invitados. O cuando pasabas por la sala a verificar que todo estuviera en orden. Mi corazón me decía que confiabas en mí, que querías verme y sentirme un poco más cerca.

Tal vez nunca lo supiste pero mis ojos siempre te buscaban. Necesitaban una dosis de ti para terminar el día con la alegría necesaria, una dosis de energía para comenzar la mañana siguiente. Y tú siempre me ayudabas. Recorrías los pasillos buscando personas o cosas, pasabas a saludar o simplemente te asomabas por ahí a ver quién estaba ¿Sabías que siempre estuve en esos lugares o todo fue una coincidencia?

Verdad o locura hice mil y una cosas para tratar de estar contigo a solas por un momento, pero nunca lo logré. Aunque traté de que el universo cruzara nuestros caminos en escenarios informales siempre estabas donde debías estar, lejos de mí. Incluso el último día que nos vimos, cuando llegué de improviso al lugar donde te encontrabas; gasté mi último cartucho y me tiré a la guerra.

Mi mundo se derrumbó cuando te vi con ella. Aunque había escuchado de su existencia pensé que era una simple diversión, un elemento distractor. Su reputación la precedía pero la imagen que había dibujado mi mente se alejaba del reflejo de aquella sencilla mujer que tenías a tu lado. Aquella mujer con la que cambiaste de lugar cuando me viste llegar ¿te avergonzaste de lo que hacías? ¿Sentiste pena por mí pues conocías el motivo por el que mi corazón latía con rapidez cada que te veía?

Quise buscarte, pero como sabrás no lo hice. Quise despedirme de ti, abrazarte y sentirte – aunque fuera una vez – cerca de mí pero no tuve el coraje para hacerlo y tú tampoco lo facilitaste pues saliste huyendo como si mi presencia te molestara. Quise decirte lo mucho que te admiro y que daría lo que fuera por conocerte mucho más pero no pasó, simplemente no pasó.

Aunque parezca absurdo mi corazón se empeña en mantener una ilusión; a él no le importa que estés tan lejos, que no tengas tiempo para nadie y que no me recuerdes (¿me recuerdas?).  Está tan loco que sigue creyendo que entre tú y yo puede haber algo. Mantiene esa estúpida idea de que te sonrojaste porque yo te gustaba, que no existieron las coincidencias y tú me buscabas porque querías verme, que también querías conocerme y compartir más conmigo.

Hoy más que nunca me arrepiento de no haber conservado una foto, ni siquiera para eso tuve valor. Al menos una vez habríamos estado muy cerca y con sólo ver esa imagen podría recordar la inmensa alegría que tu presencia me hacía sentir. Hoy quisiera saber lo que piensas, cómo estás, dónde vas. Hoy también quisiera llegar donde estás y decírtelo todo mientras me pierdo en tus ojos. Que tengamos nuestro final feliz y el inicio de nuestro propio cuento de hadas. No es posible, eso sí que no es fácil, aún mucho menos que compartir el sentimiento.

Hoy lo cuento todo y prometo que si nos cruzamos de nuevo tú también lo sabrás y la historia por fin tendrá un final. Por ahora llevaré tu recuerdo siempre conmigo y te enviaré siempre la mejor energía para que sigas triunfando y siendo muy, muy feliz.

El Sr. Cobardía, C

Nunca me había decepcionado tanto de alguien como me pasó con él. Inicialmente fue como el típico hombre encantador. Aunque no lo conocía – aclaro – la primera impresión que me dejó es que era alguien deportivo, leal, interesante y con quien se podía hablar largo y tendido sin aburrirse. Pues bueno, todo fue cambiando conforme lo fui conociendo y no precisamente por equivocarme en lo que pensaba sino porque resultó ser además de deportivo, leal e interesante… un canalla.

Con él las cosas se dieron de forma particular – digamos que para el común de las mujeres – pero con el estilo que me caracteriza; yo tomé la iniciativa. Empezamos a hablar de forma amistosa aunque no con mucha recurrencia. Desde las primeras conversaciones noté que estaba interesado en otra persona, que era un poco tímido y bastante reservado. Aún así y con la tonta idea de que podrían gustarle varias personas al tiempo, seguí tratando de conocerlo mejor y buscando cultivar una bonita amistad. Sinceramente, estaba demasiado cegada por esa estúpida esperanza que nos caracteriza a las mujeres. Si alguien experimentado me hubiera dicho que ese hombre NO estaba interesado porque ninguna de las supuestas “señales” lo demostraba, nunca lo iba a estar y que seguir ahí iba a resultar desastroso.

Ni modo, soy persistente y seguí intentándolo hasta que él respondió y de la peor manera. De un hombre con un mínimo de cordialidad y respeto habría esperado unas palabras decentes que me revelaran que el gusto no era mutuo y que lo mejor era seguir como amigos o continuar la vida y “si te vi, no me acuerdo”. Pero él… él no tuvo los pantalones para hacerlo. Tal vez ni siquiera lo pensó y decidió deshacerse del problema fácilmente.

¿Qué hizo? Se burló de mi junto con su batallón de amigos igual de inmaduros e irrespetuosos. Sólo era necesario que una hebra de cabello apareciera en el panorama para que todos – él y sus amigos – me gritaran cualquier cantidad de cosas que en otras circunstancias no me habrían movido nada. Pero no, él me gustaba, era alguien a quien de cierta forma idolatraba y ahora me salía con una bajeza. Fue muy duro enfrentarlo cuando apenas era una niña que comenzaba a vivir y a descubrir la magnitud de la maldad de los seres humanos.

Afortunadamente fue poco el tiempo que soporté esos desplantes y la experiencia me sirvió para dejar de catalogarlo como un gran hombre y para saber de lo que son capaces algunas mentes sin piedad. Obviamente el interés por él murió y cuando dejé de verlo tiempo después hice a un lado los rencores y de corazón le deseé lo mejor para su futuro y mucha madurez para saber cómo enfrentar todas las pruebas que pone la vida sin llegar a lastimar a alguien.

Sí, lo volví a ver y no puedo negar que saber que había tomado malas decisiones y que no había tenido el coraje para perseguir sus sueños me hizo sentir muy bien; de cierta forma era como un mano a mano, ambos la habíamos pasado mal. No sé que pasa ahora con su vida, si a alguien le hizo lo mismo o algo parecido ni si se arrepiente de lo que hizo (seguramente no lo consideró grosero o hiriente). Lo he visto y lo he mirado a los ojos aunque él no haya sido capaz.

Lo positivo de vivir esta experiencia con el Sr. Cobardía es que me salvó de vivir tal vez muchas más tristezas en caso de haberme visto envuelta en una relación. Una persona tan egoísta como él, incapaz de dimensionar lo que sus actos podrían ocasionar en los demás, tiene muy poco para ofrecer a una pareja a la cual terminaría relegando, explotando y, en el peor de los casos, maltratando.

Un hombre que se refugia en sus amigos para sentirse respaldado y para decir lo que piensa, demuestra la poca confianza que se tiene y lo muy poco que vale. Y si ese mismo hombre ni siquiera es capaz de luchar por sus sueños aún cuando nada ni nadie lo apoya ¿qué podría hacer por alguien más?

Para el Sr. Cobardía y los de su tipo quererse un poco más es la mejor de las terapias. Aprender a comunicarse y a escuchar es necesario para que sepan cómo convivir y cuál es el límite de sus actos. Y con las mujeres… pues nadie nos entiende, pero mientras sepan que lo que queremos es amor y ser tratadas bien no se necesitan muchas cosas para tener éxito.

Antes de terminar quiero dar un consejo a todas las mujeres: los hombres, cuando están interesados, lo demuestran. Aunque su intuición, sus amigas, la esperanza o lo que sea les diga que algo puede pasar si se tiene paciencia, tengan muy presente que es muy poco probable que eso suceda y lo mejor es dejar de perder el tiempo y seguir la vida. Si ese hombre sabe de su interés y aún así no hace nada, tranquilas que otro hombre llegará, será mucho mejor y se encargará de hacer todo el trabajo.