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Décimo Grado

Anoche, mientras daba vueltas en mi cama y una larga lista de temas pasaba por mi mente, recordé la canción de Ana y Jaime Décimo Grado. Después de repasar su melodía y letras, una frase se quedó grabada; once palabras que resumen lo que fue mi vida sentimental en esa época: “¿De qué me sirve tanto estudio si contigo yo repruebo siempre?”.

Definitivamente esa materia no fue superada ¡¿Qué puedo hacer?! No fui una de las favoritas del ‘profe’. Lo cierto es que agradezco por lo aprendido; ahora hay pruebas más importantes por superar… Y para estas sí que estoy preparada.

Para vos:

¿Qué tengo que hacer para que entiendas que no me gusta compartir? Que si vas a ser mío no lo serás de otra como ella tampoco quiere que lo seas de mi ¿Tan difícil es sentirse satisfecho con una sola persona o es que sientes la necesidad de probarte a ti mismo conquistando muchas más?

Tú más que nadie debería saber que nunca queremos ser segundonas, queremos que nos den nuestro lugar y que aquel que tanto dice que nos quiere sólo tenga ojos para nosotras. Así las cosas ¿por qué me dices que me quieres cuando estás con ella? No sé cuál es la realidad de su relación pero lo que sí tengo muy claro es que si tú no la respetas yo sí y mientras estés con ella yo no tengo cabida en tu vida, al menos no como tu pareja.

Te quiero mucho y lo sabes pero la verdad es que no sería capaz de vivir junto a ti sin tener la plena certeza que conmigo te es suficiente y que esas palabras de amor que pronunciarían tus labios son verdaderas. Por eso, entierra esa idea de querer estar conmigo y dedícate a trabajar en lo que ya tienes con alguien que si el destino nos encuentra y somos diferentes llegará nuestro tiempo juntos.

Hasta luego, F

Si bien no queda mucho por decir quiero que sepas que, sinceramente, no esperaba que te fueras. No planeaba una despedida (no me gustan) y no pensé que sintieras la necesidad de irte. Creí que todo iba bien, que cultivábamos una bonita amistad y estabas a gusto… al parecer nunca fue así.

Ahora no sé cómo estás o si extrañas nuestras largas charlas sobre la música que tanto nos gusta. De lo que sí tengo la certeza es que estás enamorado, tranquilo y feliz.

Alguien alguna vez dijo que “el que se va sin ser echado, regresa sin ser llamado”, si ese llega a ser tu caso ten en cuenta que no te espero pero que de mi vida y corazón las puertas están siempre abiertas.

Cuídate.

Guía para evitar las curitas en el corazón

Contrario a lo que muchas podrían pensar, las decepciones amorosas (en gran medida) las generamos nosotras mismas. Y es que, a pesar de que los hombres y sus acciones contribuyen a producirlas, nuestras formas de actuar, pensar y (sobretodo) soñar nos  llevan a estrellarnos a 100 km/h y sin llevar el cinturón de seguridad puesto. Nada más remítanse a sus más recientes tristezas, analícenlas y notarán que en gran parte la culpa fue suya. Debo aclarar que todo esto no se trata de reprocharnos para después odiarnos y empezar una gran guerra con nosotras mismas, el fin es evitar las malas decisiones para tener siempre un buen panorama, además de alegría y tranquilidad en el corazón y en la vida en general.

A continuación, entonces, les presento algunos puntitos importantes para reducir al máximo las heridas que deja el amor:

1. Sinceridad (contigo misma, con tus amigas y con tu pareja): Aún si crees tener muy bien desarrollada tu intuición, no te engañes y si los hechos demuestran que el hombre con quien sales no está interesado en ti, déjalo ir. Hablando siempre con la verdad te evitarás dolores de cabeza innecesarios y futuras decepciones. De igual forma, contar con unas amigas que te hagan ver lo que el amor ha ensombrecido te hará la vida mucho más fácil, así como lo hará el ser sincera con tu pareja y que él lo sea contigo; no aparecerán los problemas y los que lleguen a surgir serán resueltos con facilidad.

2. Saber diferenciar entre supuestos y hechos: Es vital reconocer cuándo estamos hablando de situaciones reales y cuándo hacemos alusión a fantasías. Sinceramente, la distinción es muy fácil: los supuestos son las ideas que creamos en nuestra mente y que parten de nuestros deseos e ilusiones mientras que, los hechos, son realidades que no se pueden negar (sin entrar en discusiones científicas, claro está). Ahora bien, reconocer esa diferencia en nuestras experiencias es un poco difícil pues, como mujeres, siempre sacamos excusas cuando enfrentamos adversidades y esperamos que todo mejore y sea como lo pensábamos. Si crees que el chico en cuestión está en el mismo canal que tú porque te miró de una forma especial (para ti), porque es amable o porque compartió en Facebook una canción de tu artista favorito, déjalo ir. Los hombres no se andan con rodeos y cuando una mujer les atrae lo demuestran con hechos y esperan estar con ella tan pronto como sea necesario, es así de simple.

3. Nada de ilusiones: Si bien no son del todo malas pues se convierten en pequeños motorcitos que nos invitan a vivir al 100% todos los días, las ilusiones no nos permiten ver la realidad de los hechos y eso hay que tenerlo siempre presente. En ocasiones es más que claro que no hay ni una pequeña posibilidad de que nacerá una bonita relación con un chico, sin embargo, las latentes ilusiones promueven ideas absurdas como que el pensamiento (o el gusto) de ese chico cambiará y se convertirá en el hombre de tus sueños. Y puede ser peor. Hay ilusiones que llevan a pensar en que el ‘hombre perfecto’ dejará a su esposa o el homosexual confeso cambiará de orientación; sí, así de extremas son.

4. Las chicas regla y las chicas excepción: Una gran enseñanza me dejó la película Simplemente no te quiere; todas las chicas son parte de la regla hasta que la excepción lo desmienta. Interesante ¿cierto? Pero ¿Qué vienen siendo las chicas regla y las chicas excepción? Sencillo. Las chicas regla viven el patrón universal de las relaciones. Conocen un chico, salen con él y si hay interés pues siguen saliendo pero si no lo hay cada uno sigue su camino (aunque pueda que alguno de los dos no lo quiera). Las chicas excepción, por su parte, son aquellas que – contra todo pronóstico – viven situaciones fuera de lo común que no suelen repetirse. Por ejemplo, si tienes una amiga que conoció un chico en el transporte público y ahora está felizmente casada estás viendo claramente una chica excepción, así como cuando alguien te cuenta que, después de tomar la iniciativa, la amiga de una amiga conoció al hombre de sus sueños. Tener presente que todas somos chicas regla es necesario para no cometer errores cuando conocemos a alguien y para evitar alimentar esas ilusiones inútiles de las que hablaba anteriormente. Y si resulta que se es una chica excepción…  pues se comparte, se celebra y se olvida.

5. Se vale tener iniciativa: El nuevo siglo no sólo trajo muchos cambios científicos y culturales sino también en las relaciones sentimentales. Esa idea arcaica de que los hombres son siempre los de la iniciativa está mandada a recoger. Las mujeres de ahora – independientes, decididas, arriesgadas, fuertes y que siempre saben lo que quieren – revolucionaron el tema de los romances y si quieren tener uno van a buscarlo. Si bien no se trata de andar por la vida cazando hombres como una trabajadora sexual, tener iniciativa está más que aprobado a la hora de tomar las riendas de las situaciones para propiciar relaciones cuando la timidez u otros factores aparecen en el panorama.

6. El compromiso: ¿Es necesario titular lo que tienes con tu chico? No. Ya sea por cuestiones de exclusividad, por miedo o porque alguno de los dos no lo quiere, es mejor mantener – en algunas ocasiones – esa relación especial como un simple romance. No obstante, es vital tener siempre presente las condiciones de ese romance y lo que eso acarrea pues si no estás de acuerdo con que sean amigos especiales, debes dejarlo ir, al igual que si eres una entre mil, tú lo sabes y eso te molesta. Comprometerse con alguien (simbólicamente, por la ley o en un altar) significa respeto, apoyo incondicional y entrega total; si no estás lista o eso no es lo que quieres para tu vida sólo evítalo, pero si eso deseas entonces aprécialo y disfrútalo.

7. La culpabilidad: Que surjan problemas no siempre es a causa de errores de las mujeres aunque estemos empeñadas en pensarlo. Sí, nos equivocamos y esto tiene sus consecuencias pero no, no por eso siempre somos las responsables de todo lo malo que pasa en nuestra relación; es tan sencillo como que esa relación se construye entre dos y ambos tienen igual nivel de compromiso. Cuando haya un traspiés, antes de azotarte por “haberlo generado”, dedícate a gastar tiempo y esfuerzo en la búsqueda de la solución a través del diálogo con tu chico, sólo así podrán lograr un consenso y llenar de nuevo su vida de tranquilidad. Y aunque pueden existir hechos o situaciones que propicien la aparición de pequeñas discusiones, ten (tengan) siempre en cuenta que ninguno de los dos es totalmente culpable (si lo es no se le debe decir, de nada vale) y si te acusa, no lo pienses más y déjalo ir.

No piensen en estos siete puntos como un formato inequívoco para desenvolvernos exitosamente en nuestra vida sentimental ya que, aunque los consejos son muy válidos (como ustedes mismas pueden comprobarlo basadas en su experiencia), las personas y las situaciones son tan variadas como seres humanos hay en el mundo. Léanlos, repásenlos y ténganlos presente siempre en su mente para así evitar cuanto más sea posible las curitas en el corazón.

¿Pensar antes de hablar?

A mucha gente he escuchado decir que la premisa que debe regir nuestra vida es esa que dice que debemos Pensar antes de hablar. Sí, debo aceptar que tienen mucha razón quienes lo aconsejan. Considerar las posibles reacciones que tendrá lo que promulguemos nos evita herir a los demás o ser malinterpretados. Sin embargo, han sido muchas las veces que – voy a hablar de mi caso particular de ahora en adelante – he decidido callar y me he perdido de grandes cosas en la vida que, si bien no todas son positivas, lo aprendido gracias a ellas sería demasiado.

Creo que cuando hablo de callar para luego arrepentirse estoy refiriéndome al caso de muchos de nosotros y más aún si esa situación la ubicamos en el ámbito de las relaciones sentimentales. Sí, hoy debo aceptar que de haber dicho lo que sentía o pensaba mi historia sería diferente así como mi experiencia.

En este momento no puedo dejar de pensar en alguien a quien denominaré ‘el arquitecto’. Si bien siempre cuestiono todos los aspectos de mi vida, entre ellos mi intuición, no puedo negar que de verdad había química entre nosotros. No era demasiado evidente pero era lo suficiente como para que yo lo supiera y siguiera con el juego. Un juego que quedó en las instancias iniciales tal vez porque precisamente pensé antes de hablar.

¿Qué habrían hecho ustedes en mi lugar si después de expresar lo que sentían y ser rechazados la única forma de ‘salir de las dudas’ era volviendo a hacer lo mismo? Lo siento pero esta vez el coraje lo dejé guardado y con llave. El corazón no se recupera tan rápido y no es tan tonto como para arriesgarse a cometer el mismo error de la última vez. Y tampoco es tan arriesgado como para hacer lo indicado esperando obtener una gran recompensa.

No, no expresé lo que sentía. No me di una oportunidad de vivir algo bueno o de sufrir, crecer y aprender. Y sí, ahora más que nunca me arrepiento. Tal vez otra sería yo en estos momentos de haber tomado el camino espinoso. Tal vez sería yo su compañera en este instante; la mujer por quien suspira, a quien ama y con quien desea pasar todos y cada uno de los segundos de su vida.

Saben, es difícil reconocer que hay alguien ocupando el lugar que – posiblemente – alguien dispuso para mí alguna vez y que es una mujer especial que ha hecho suficientes méritos para estar donde está precisamente por hacer feliz a un gran hombre. Es tan difícil que en mis peores momentos me obliga a pensar en que esa podría ser yo de no ser por mi cobardía. No obstante, me consuela y alegra el hecho de que hay alguien que sí consiguió lo que siempre quiso; hay un hombre enamorado y feliz.

Probablemente se preguntarán cuál es mi conclusión o consejo respecto a la frase con la cual titulé esta entrada; pues bien, no me odien pero no tengo una posición clara respecto a eso. Sí, evité incomodidades y sufrimientos pero también es cierto que es muy probable haber evitado ser muy feliz. Lo más sensato en este caso es decir que sigan siempre lo que les dicta su corazón teniendo en cuenta también lo que indica la razón. Es un poco complicado y creo que hasta utópico pero es el punto ideal y como nos es tan difícil llegar al lugar de equilibrio… pues entonces hagan lo que mejor les parezca pero sin ignorar las consecuencias que eso puede traer porque en la vida hay lugar para todos menos para los arrepentimientos.

El Sr. Cobardía, C

Nunca me había decepcionado tanto de alguien como me pasó con él. Inicialmente fue como el típico hombre encantador. Aunque no lo conocía – aclaro – la primera impresión que me dejó es que era alguien deportivo, leal, interesante y con quien se podía hablar largo y tendido sin aburrirse. Pues bueno, todo fue cambiando conforme lo fui conociendo y no precisamente por equivocarme en lo que pensaba sino porque resultó ser además de deportivo, leal e interesante… un canalla.

Con él las cosas se dieron de forma particular – digamos que para el común de las mujeres – pero con el estilo que me caracteriza; yo tomé la iniciativa. Empezamos a hablar de forma amistosa aunque no con mucha recurrencia. Desde las primeras conversaciones noté que estaba interesado en otra persona, que era un poco tímido y bastante reservado. Aún así y con la tonta idea de que podrían gustarle varias personas al tiempo, seguí tratando de conocerlo mejor y buscando cultivar una bonita amistad. Sinceramente, estaba demasiado cegada por esa estúpida esperanza que nos caracteriza a las mujeres. Si alguien experimentado me hubiera dicho que ese hombre NO estaba interesado porque ninguna de las supuestas “señales” lo demostraba, nunca lo iba a estar y que seguir ahí iba a resultar desastroso.

Ni modo, soy persistente y seguí intentándolo hasta que él respondió y de la peor manera. De un hombre con un mínimo de cordialidad y respeto habría esperado unas palabras decentes que me revelaran que el gusto no era mutuo y que lo mejor era seguir como amigos o continuar la vida y “si te vi, no me acuerdo”. Pero él… él no tuvo los pantalones para hacerlo. Tal vez ni siquiera lo pensó y decidió deshacerse del problema fácilmente.

¿Qué hizo? Se burló de mi junto con su batallón de amigos igual de inmaduros e irrespetuosos. Sólo era necesario que una hebra de cabello apareciera en el panorama para que todos – él y sus amigos – me gritaran cualquier cantidad de cosas que en otras circunstancias no me habrían movido nada. Pero no, él me gustaba, era alguien a quien de cierta forma idolatraba y ahora me salía con una bajeza. Fue muy duro enfrentarlo cuando apenas era una niña que comenzaba a vivir y a descubrir la magnitud de la maldad de los seres humanos.

Afortunadamente fue poco el tiempo que soporté esos desplantes y la experiencia me sirvió para dejar de catalogarlo como un gran hombre y para saber de lo que son capaces algunas mentes sin piedad. Obviamente el interés por él murió y cuando dejé de verlo tiempo después hice a un lado los rencores y de corazón le deseé lo mejor para su futuro y mucha madurez para saber cómo enfrentar todas las pruebas que pone la vida sin llegar a lastimar a alguien.

Sí, lo volví a ver y no puedo negar que saber que había tomado malas decisiones y que no había tenido el coraje para perseguir sus sueños me hizo sentir muy bien; de cierta forma era como un mano a mano, ambos la habíamos pasado mal. No sé que pasa ahora con su vida, si a alguien le hizo lo mismo o algo parecido ni si se arrepiente de lo que hizo (seguramente no lo consideró grosero o hiriente). Lo he visto y lo he mirado a los ojos aunque él no haya sido capaz.

Lo positivo de vivir esta experiencia con el Sr. Cobardía es que me salvó de vivir tal vez muchas más tristezas en caso de haberme visto envuelta en una relación. Una persona tan egoísta como él, incapaz de dimensionar lo que sus actos podrían ocasionar en los demás, tiene muy poco para ofrecer a una pareja a la cual terminaría relegando, explotando y, en el peor de los casos, maltratando.

Un hombre que se refugia en sus amigos para sentirse respaldado y para decir lo que piensa, demuestra la poca confianza que se tiene y lo muy poco que vale. Y si ese mismo hombre ni siquiera es capaz de luchar por sus sueños aún cuando nada ni nadie lo apoya ¿qué podría hacer por alguien más?

Para el Sr. Cobardía y los de su tipo quererse un poco más es la mejor de las terapias. Aprender a comunicarse y a escuchar es necesario para que sepan cómo convivir y cuál es el límite de sus actos. Y con las mujeres… pues nadie nos entiende, pero mientras sepan que lo que queremos es amor y ser tratadas bien no se necesitan muchas cosas para tener éxito.

Antes de terminar quiero dar un consejo a todas las mujeres: los hombres, cuando están interesados, lo demuestran. Aunque su intuición, sus amigas, la esperanza o lo que sea les diga que algo puede pasar si se tiene paciencia, tengan muy presente que es muy poco probable que eso suceda y lo mejor es dejar de perder el tiempo y seguir la vida. Si ese hombre sabe de su interés y aún así no hace nada, tranquilas que otro hombre llegará, será mucho mejor y se encargará de hacer todo el trabajo.