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Rojo

Pocas veces alguien logra sintetizar en un par de frases eso que mueve a los aficionados al fútbol. Pero no a cualquier seguidor, no, solo a esos apasionados para quienes el color representa un sentir y los once hombres que actúan en el campo son parte de la familia.

Enric González lo logró un lunes de abril, por allá en 2004. En su columna titulada Los Vencidos, el periodista catalán expresó en el periódico El País: “El caso es que la memoria sentimental se forja en el dolor, aunque cristalice en un segundo de gloria”.

Tras ver el último encuentro del América de Cali, esas 19 palabras, organizadas en dos frases separadas por una coma, se me antojan como el reflejo de la historia del hincha escarlata. La alegría instantánea por la victoria de hoy, así como la gloria por los títulos del ayer y por el tan anhelado ascenso que finalmente se logró el pasado diciembre, se fortalecen en las adversidades, esas tan propias de los Diablos Rojos.

Atiborrar los estadios no sería posible si la afición no conociera la importancia de acompañar en cada partido, siempre a la espera de un título que, para América en su primera ocasión, tardó más de 50 años. Vitorear a los jugadores no provendría de un grupo de personas que no hubiesen identificado en ellos las ganas de darlo todo siempre en la cancha. Y seguir alentando cuando se es objeto de burlas por caer a la segunda división del fútbol colombiano no lo habrían hecho quienes mantienen la idea de que tras la tempestad llega la calma.

La memoria sentimental del hincha americano se ha cristalizado en 13 alegrías locales, pero se hizo fuerte en la sequía y en cinco años desde el infierno de la B. Por eso no es gratuito que El Campín se haya teñido de rojo hoy. Y no sorprende que cuando nos sugieren cambiar de equipo muchos respondemos con una negativa; los hinchas americanos hemos compartido las victorias, pero construimos nuestra identidad cuando nos encontramos juntos en tiempos de dificultad.

Lo último en el fútbol colombiano

Decisiones aplaudidas y condenadas por varias partes prometen un cambio sustancial en el balompié nacional para el próximo año. Para mí, un número no es garantía de calidad, que es lo que le falta al torneo local.

Foto: Colprensa - Nuevo Estadio

Foto: Colprensa – Nuevo Estadio

Aumenta la cantidad de equipos que disputarán el torneo de primera división del fútbol colombiano y, por ende, los responsables de llenar los dos nuevos cupos que – en asamblea extraordinaria – determinó la Dimayor.

Un total de 20 clubes de fútbol profesional se enfrentarán en dos torneos cortos con el fin de acumular estrellas y ganar el privilegio de representar al país en las competencias continentales. Bueno, eso sin mencionar los beneficios económicos obtenidos por coronarse campeón.

La medida, que busca beneficiar a los equipos ‘históricos’ o con un pasado en la A, comprende un torneo relámpago del que saldrían – a principios de 2015 – dos de los beneficiaros de la nueva propuesta y quienes se sumarán a los que consigan su tiquete a finales de este año con el ascenso directo y la (posible) victoria en la ‘promoción’.

Una vez aprobada esta propuesta, críticas y comentarios positivos han estado a la orden del día en redes sociales y foros sobre fútbol.

Quienes aplauden la medida aseguran que el regreso de grandes, como el siempre mencionado América de Cali, significa un incremento en los hinchas que acuden a los estadios, así como mayor calidad en materia deportiva para la competencia.

Mientras que aquellos que la rechazan aducen que esta es una forma injusta de darles la mano a esos equipos – de nuevo, como el siempre protagonista América de Cali – que descendieron y no han podido volver a ganar su lugar dado los malos manejos administrativos y el pésimo desempeño de sus futbolistas.

Pues bien, aunque los dirigentes del fútbol colombiano crean fervientemente que con su idea van a repoblar los estadios nacionales, la realidad es que el público brilla por su ausencia a raíz de la baja calidad demostrada por sus equipos cada año; unos porque empiezan bien y se caen, y otros porque cada fecha es un nuevo padecimiento. Eso, claro está, sin mencionar que no hay garantía de seguridad en los escenarios deportivos, ni dentro de ellos ni en sus alrededores.

Quiéranlo o no, los aficionados al fútbol en Colombia no son tan apasionados como en Argentina o Inglaterra. Aquí, si el equipo no responde, se deja de ir al estadio. Y eso pasa, incluso, con Atlético Nacional, reciente campeón y cuota colombiana en torneos como las copas Libertadores y Sudamericana.

El problema no son los hinchas, que viven su pasión de diferentes maneras (todas válidas, menos la violencia), sino de un torneo en el que se enfrentan costosas nóminas con jugadores recién salidos de la escuela de fútbol; ni los unos ni los otros funcionan y ese es el punto que se debe sanear.

La Dimayor, más que pensar en continuar enriqueciéndose, debe buscar una forma de ayudar a que los equipos chicos crezcan y los ‘históricos’ se fortalezcan; no necesariamente con grandes estrellas, sino con jóvenes promesa que, con disciplina y mejores condiciones de trabajo, pueden brillar.

Ya está bien del mismo campeón que se desinfla en un torneo internacional. Lo que se necesita es una liga más competitiva, jugadores comprometidos y con mentalidad ganadora, dirigentes ambiciosos y entrenadores que sean verdaderos líderes.

Y se necesita que los equipos que han descendido recuperen su categoría por méritos, porque la historia hace parte del pasado y no es garante de nada. A la larga, con unos torneos fortalecidos y equitativos los clubes aumentarán su nivel, así como los jugadores – quienes se cotizarán y tendrán más opciones de internacionalizarse – y, por supuesto, el fútbol colombiano en general.

Lastimosamente la decisión ya está tomada y esta no es responsabilidad de los hinchas o de algún equipo en particular, por lo tanto, rechazo esa gran cantidad de manifestaciones de odio que abundan en la Web y le ponen nombre propio a la iniciativa que no es más que un invento de la Dimayor.

Por ahora, solo resta esperar la evolución del fútbol colombiano y un – inesperado – cambio de pensamiento en la dirigencia nacional cuyo objetivo, sin lugar a dudas, es aumentar su capital.