Categoría: La Cocotera

¡Hola, 2014!

Empecé el año de la forma menos esperada y en el lugar menos indicado: junto a mi abuela que descansaba en una cama de la Clínica Farallones, en Cali.

Contrario a lo que todos pensarían o esperarían, no lo pasé tan mal. Estaba junto a una persona que quiero y velando por su bienestar. Tenía una oportunidad para compartir esa fecha (especial) junto a uno de mis seres queridos. Y la pasamos bien, a nuestra manera y gracias a la maratón de Friends que transmitió Warner Channel.

Siempre he pensado que es de mal gusto (no encontré otra forma de llamarlo) contar las tristezas o desgracias a la espera de la compasión y/o los buenos deseos de los demás. Esta vez cuento mi experiencia con el fin de sustentar mi idea de vivir a plenitud el año que apenas empieza.

La vida está llena de tristezas, eso no es novedad, pero hasta en los peores momentos aprendemos y hay situaciones, personas y lugares de quienes disfrutar.

Tradicionalmente el 31 de diciembre es un día pensado para comer, beber y bailar en exceso pero ¿en realidad estamos compartiendo y disfrutando de quienes nos acompañan?

Felicitaciones para quienes tienen la plena seguridad de que en esa fecha, más que una pieza de baile o una copa, se compartieron deseos, historias, sueños y proyectos por realizar. Y para aquellos que creen que fue más importante la comida que había en la mesa o las botellas que quedaron regadas en los alrededores de la sala, hay 363 días más para acercarse a familiares, amigos, conocidos y hasta extraños que pueden darnos – y a quienes podemos darle – más de lo que pensamos.

Mi abuela está bien. Yo estoy bien. Y espero que todos así lo estén y que en este año nuevo, más que cumplir propósitos busquen disfrutar y aprovechar las oportunidades que vienen con cada amanecer.

Por mi parte procuraré vivir cada día como si fuese el último, trataré de hacer felices a los demás y trabajaré para que todos mis sueños se hagan realidad.

En 2014 la premisa solo debe ser una: no hay barreras que superen las motivaciones que conducen nuestras vidas.

Anuncios

Ibagué

Foto: Archivo personal

Foto: Archivo personal

Hace ya un buen tiempo decidí acompañar a mi madre en su visita a una muy querida amiga y, de paso, aproveché la oportunidad para conocer y disfrutar de los bellos paisajes de mi querido país. El destino: Ibagué, la capital del Tolima y el lugar donde se celebra cada año el Festival Folclórico Colombiano.

El camino

El trayecto fue, sin duda, lo que más disfruté de esta experiencia. Las casi 6 horas de viaje – tanto de ida como de venida – pasaron inadvertidas ante la belleza de los valles contiguos al río Cauca y el verde de las montañas que conducen a Ibagué, la capital musical de Colombia. Este recorrido lo recomiendo a quienes quieren admirar la naturaleza del país y gozan de la suficiente paciencia como para aguantar trancones e imprevistos de una vía tan transitada como esta, especialmente en el alto de La Línea. De igual forma, viajar por tierra es ideal para los que no sufren de mareos (o, al menos, pueden controlarlos) y están dispuestos a pasar mucho tiempo en la silla de un bus (que a ratos resulta un poco incómoda) así como a orinar en estrechos – y no muy limpios – baños portátiles.

La ciudad

Ibagué es pequeña pero, definitivamente, muy acogedora. Calurosa en el día y templada en la noche, la capital del Tolima se caracteriza por la amabilidad de su gente, que siempre tiene una sonrisa para dar, y por la seguridad que se siente al andar por sus calles. Según varios ibaguereños, son muy pocos los robos o crímenes que tienen lugar en la ciudad y eso se constata al recorrer con tranquilidad los senderos peatonales del centro – que generalmente es peligroso en las ciudades colombianas –; no hay peligro, reina la paz y la tranquilidad. Estéticamente la ciudad no es atractiva, a simple vista se refleja el hecho que no es una de las principales capitales del país y que, como en toda Colombia, las riquezas están mal distribuidas, sin embargo, en época de festival la ciudad es cubierta por una cálida atmósfera que invita al disfrute del folclor de la región y del país.

Comida, artesanías y más

Don Pedro II también portó con orgullo su 'rabo de gallo'. Foto: Archivo personal

Don Pedro II también portó con orgullo su ‘rabo de gallo’. Foto: Archivo personal

Pensé en escribir sólo de la comida pero creo que me queda demasiado corto lo que tengo por decir y no valdría la pena dedicar un solo apéndice a unas pocas palabras. En Ibagué – que recuerde – probé dos platos típicos: la lechona y el tamal; ambos deliciosos y muy livianos, a diferencia de los vallecaucanos, pero sin ese no se qué que tanto me gusta de los manjares de mi Valle. Recomiendo probarlos para comparar sabores pero, sin duda, me quedo con la comida típica de mi región. En un recorrido por el parque artesanal de la ciudad no descubrí mucho que no encontrara en otra parte, incluida la Loma de la Cruz en Cali, no obstante, me traje el tradicional ‘rabo de gallo’ que lucí muy feliz por las calles ibaguereñas, junto con un poncho y un buen sombrero protector ¡Ah! Y ni qué decir de las famosas alpargatas que en la capital del Tolima se venden como pan y que uso en mi casa cuando quiero descansar.

El Festival Folclórico Colombiano

Bailarinas 'voleando machete' en un desfile por la calle principal de la ciudad. Foto: Archivo personal.

Bailarinas ‘voleando machete’ en un desfile por la calle principal de la ciudad. Foto: Archivo personal

 

Sinceramente, fue muy grato encontrar un lugar del país donde los bailes típicos son bien recibidos, reconocidos y aplaudidos por colectividades. El folclor colombiano, que pareciera desaparecer poco a poco con la irrupción, cada vez mayor, de la cultura norteamericana y europea mantiene vivo con esos pequeños grupos de colombianos, de todas las edades, que van a Ibagué a mostrar lo más representativo de su región.  Varios – ya no recuerdo cuántos – bailarines se tomaron la Concha Acústica, así como otros escenarios y calles de la ciudad, e hicieron gozar a locales y visitantes ¡Qué bien por el Festival Folclórico Colombiano! Que hasta dejó una reina y a mí con muchas ganas de volver.

Para visitar: El cañón del Combeima

El verde está en todo su esplendor en miles de árboles que viven en las montañas de un lugar mágico y templado. A pocos minutos de Ibagué, en carro, se encuentra este sitio turístico preferido por propios y visitantes quienes dan rienda suelta a su faceta de fotógrafos y se hacen a hermosas imágenes del paisaje. En el cañón del Combeima también se puede disfrutar de platos típicos en restaurantes de la zona o conectarse con la naturaleza en varios puntos habilitados para el acceso de los excursionistas.

La majestuosidad del Cañón del Combeima. Foto: Archivo personal

La majestuosidad del Cañón del Combeima. Foto: Archivo personal

Aunque breve esta es mi opinión sobre una ciudad a la que espero volver y donde me gustaría ver más progreso y homenajes al folclor colombiano. Si bien es cierto que olvidé muchos detalles de mi visita, a mediados del año pasado, los gratos recuerdos que tengo de Ibagué permanecerán siempre en mi mente y corazón.

Y a ti ¿qué te hace falta?

¿Alguna vez dejarás de fumar? Al verte no puedo evitar pensar que ese vicio que estás tratando de erradicar no es más que el reflejo de una carencia que ni siquiera tú reconoces. Bien sabidos son tus problemas con el alcohol y lo lejos que te llevaron – aunque ya eso sea parte del pasado – pero ¿reemplazaste un problema con otro o tus días de rehabilitación de verdad fueron eficaces?

El verte hablar, cantar, componer, expresarte, siempre me ha puesto a pensar que estás buscando desesperadamente una respuesta; que esa búsqueda incansable cada vez te arroja falsos resultados, te agota y desgasta. Sé que imaginas lo que te diré, sin embargo, creo que necesitas escucharlo: dedica todos tus esfuerzos a encontrar eso que en el fondo sabes que te falta y ahorra tiempo, dinero y esfuerzo en esos estúpidos chicles de nicotina que terminarán arruinándote.

Siéntate a pensar, desahógate, escribe, pero no envenenes tu cuerpo de una forma tan estúpida (promocionada como “sana”) que lo único que te crea son falsas expectativas además de problemas biológicos que seguramente no querrás afrontar en el futuro.

Sabes, me parecía increíble que a alguien como tú le falte algo y eso le haga tanto daño pero finalmente comprendí que haces parte de ese pequeño grupo de incomparables seres humanos tan sensibles y especiales que merecen más, que necesitan mucho más. Por eso, mientras encuentras eso que te hace falta, evita ignorar la calidad de personas que te rodean, por el contrario, aprovéchalos y llena tu vida de esa buena energía. Potencia todo tu talento y pon tus pensamientos en canciones, sabes que a muchos les llegarán. Y lo más importante de todo – bueno, después del hecho de dejar esos chicles de mierda – no sustituyas un vicio con otro, mejor ármate de valor y decídete de una vez por todas y sin intervenciones dizque divinas a dejar el cigarrillo y a quererte mucho más. Recuerda a mi abuelo, después de escucharme pedirle que no volviera a fumar, terminó esa cajetilla y dejó en el olvido más de 50 años de su absurdo vicio que ahora, diez años después, lo tienen sano y con una mejor calidad de vida… todo gracias a su voluntad y compromiso.

Hay que promocionar lo bueno

Tarde de domingo y estoy sola en mi casa. La televisión no tiene nada interesante o al menos novedoso para ofrecer y mi imaginación ha agotado los recursos para entretenerme ¿Qué hacer? Sólo se me ocurrió reflexionar acerca de la vida para compartirlo con todos ustedes.

Revisando mis comportamientos y aquellos que resultan repetitivos en los seres humanos llegué a la conclusión de que lo que hacemos casi siempre está determinado por las modas. Y con las modas no me refiero únicamente a las banales y absurdas que calan en la gente gracias a la televisión, la música y la publicidad; hay muchas modas que no reconocemos como tal y que corresponden a tendencias marcadas por nuestros gustos.

Para hacerlo más claro, los cinéfilos suelen ver las producciones cinematográficas en la Web que ahora está siendo atacada por las leyes que protegen los derechos de autor y por las cuales se volvió una ‘moda’ manifestar el repudio por estas normatividades a través de las redes sociales, ilustraciones, textos, etc. Con lo anterior no pretendo reprochar a quienes están en contra de dichas leyes – yo también las rechazo -, lo que quiero es resaltar que esa unión de los usuarios de Internet (entre ellos los cinéfilos) por hacer respetar sus derechos parece, en muchas ocasiones, ser más una moda que una verdadera revolución ideológica.

A pesar de que lo anterior podemos clasificarlo como una moda es preciso decir que es de las mejores y más sanas que han existido. Nada más piénsenlo, un comportamiento repetitivo en un gran número de personas está dejando como resultado la lucha por la protección de los derechos de los usuarios de Internet… ¡Súper!

¿Saben qué sería genial? Hacer de lo bueno una moda. Imaginen toda la gente reciclando con frecuencia y pensando que eso los hace ‘play’ o siendo más cívicos porque la mayoría de sus amigos lo son. Ojalá estos escenarios dejaran de ser parte de un mundo ideal y se insertaran en nuestra triste realidad. Qué bueno también sería que se impulsaran campañas para la protección del medio ambiente por los entes gubernamentales y no sólo por empresas que pretenden reducir los impuestos a causa de su mal llamada Responsabilidad Social Empresarial.

Mientras esperamos que haya un revolcón en el pensamiento de la gran masa de seres humanos del mundo y se nos ocurra (a mi y a quienes apoyan la causa) una gran idea que haga de lo bueno y lo ideal una moda, empecemos por adoptar esos comportamientos para que se vean reflejados, al menos, en algunos pocos que están a nuestro alrededor.