Comer

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Comer con amigos. Foto: Archivo personal

Me dieron ganas de escribir. Como (parece) ser tradición, revivo este blog en la madrugada y tras mucho tiempo de inactividad. Esta vez porque, de repente, creo que encontré ‘mi palabra’.

La historia es esta: En la película Comer, Rezar, Amar, basada en el libro de la escritora estadounidense Elizabeth Gilbert, la protagonista (encarnada por Julia Roberts) dice que ha encontrado ‘su palabra’ y es Attraversiamo, vocablo italiano que significa crucemos. Para ella, este argumento es la mejor manera de decirle a su novio (Javier Bardem) que sí está lista para compartir su vida con él. Y para las parejas que recorren el mundo estos días y lo comparten en las redes sociales, esta palabra es el mejor ‘caption’, la perfecta descripción; el cliché de la era digital al mejor estilo de “en el mar, la vida es más sabrosa” para cuando se visita la playa ¡Una maravilla!. En fin, mi palabra, en este día reflexivo, es COMER.

COMER como una actividad cotidiana que disfruto mucho, pero también como una forma de desvelar parte de lo que soy – exigente y quisquillosa – y reconocer aspectos de la personalidad de los demás. Pienso, por ejemplo, en la última vez que comí con todos mis amigos en Madrid. La ocasión era la despedida de German y el lugar escogido fue el “mejor” (no lo digo yo y no recuerdo quien lo dijo) bufet ‘all you can eat’ de la ciudad. Comer ese día fue una excusa, un propósito y es hoy un recuerdo entrañable. Comimos de todo y de más. Y cada plato, ahora que los repaso, era un reflejo de lo que somos. La simplicidad y seguridad en las elecciones de Santi, quien sabe lo que le gusta y se fue “a la fija” con algunos makis; la propensión por el riesgo de Itzel, una motivación para su constante búsqueda de nuevas experiencias, esta vez en forma de mariscos; la ‘muchosidad’ de Mati, entendida como un buen corte de carne en el mejor término; el hambre de conocimientos de German, practicante número uno del ‘ensayo y error’ con pequeñas muestras de diferentes entradas, platos fuertes y postres; y el desparpajo de Carlitos, reflejado en su llegada tarde a experimentar también con mariscos. Y yo, siempre tan cuidadosa, con la medida justa de lo que quería y que nunca consigo terminar.

Mi palabra es COMER – en español, para no parecer pretenciosa – porque trasciende la descripción trillada de Instagram; porque me sitúa frente a un plato, siguiendo paso a paso mi ritual y disfrutando lo que me gusta en compañía de unos amigos a los que extraño cada vez más. Muchachos, hoy más que nunca quiero comer con ustedes.

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